viernes, 26 de septiembre de 2014

De Ciencias y Letras.



Para el neófito o no iniciado, resulta casi un mito proverbial la verborrea empleada en el ámbito científico de la pedagogía, con cientos de conceptos para hacer referencia a realidades obvias o muy simples, o para diferenciar matices prácticamente imperceptibles, y lo que es aún peor con definiciones de un mismo término que varían de un autor a otro, si un científico de otro campo se atreviera a interesarse someramente por la literatura científico-pedagógica, probablemente saldría huyendo despavorido. 

Si bien este no es un mal exclusivo de la pedagogía, son otras muchas las “ciencias humanas” que lo comparten en una obsesión pueril que consiste precisamente en eso, en querer ser o imitar el funcionamiento de las que tradicionalmente todo el mundo ha calificado como “ciencias” tales como las matemáticas, la física, la química, la biología o la medicina, tal como si existiera (y entre muchos existe) un cierto complejo de inferioridad con respecto a esas otras ramas del saber, sus propósitos y sus métodos, y sobre todo la envidia que genera ese “aura de reconocimiento social” en todos los medios de comunicación y en todas las esferas, que hace que un padre infle los pulmones y asevere orgullosamente ante sus amigos que su hijo ha decidido estudiar química orgánica, mientras que otro agacha la cabeza, se encoge de hombros, y solo en un susurro avergonzado se atreve a decir… “pues el mío quiere hacer filología hispánica”, solo le haría falta que añadiera a su comentario: “¿En qué nos equivocamos? La culpa es de su madre…” 

Y es que en la actualidad afirmar que se es humanista o "ser de letras" que es como normalmente se dice, viene a ser algo así como "salir del armario", un verdadero acto de valentía ante una sociedad que no termina de "aceptarnos" y que nos ve como en el mejor de los casos como a "bichos raros" o como "discapacitados matemáticos", intelectuales o empollones de segunda de dudosa utilidad socioeconómica, una especie de "rémora" o "estorbo" para la sociedad, dando por hecho que tras largos años de ocupar un sitio en la universidad y de inversión por parte del Estado en nuestra formación (aunque esto último cada vez menos), nuestros estudios solo nos conducirán a un lugar: la cola del paro. Y en parte, por desgracia, llevan razón.

Lejos del ideal del sabio polifacético renacentista que auna todos los saberes del hombre como es el caso de Leonardo Da Vinci, la rivalidad entre las llamadas “ciencias” y las “letras” hunde sus raíces en el tiempo haciéndose patente en la época de la Revolución Industrial y de la Ilustración, cuando aparecen una serie de campos de conocimiento “científicos” capaces de dar respuestas unívocas y de desarrollar “técnicas” que se traducen en una producción industrial y por lo tanto “DINERO”. A partir de ese momento las Matemáticas se erigieron superiores a la Lingüística o a la Literatura, y la Química superior a la Historia, porque las primeras eran capaces de producir “riquezas materiales” y era posible vivir de haber estudiado “Matemáticas” o “Química” y mucho más difícil ganarse el pan si se había estudiado “Historia” o “Filosofía”, comenzó entonces a hablarse de “Ciencias” y de “Letras o Humanidades”. Las primeras eran los saberes llamados “útiles” mientras que los segundos comenzaron a ser vistos como una rama más del “Arte”, que servían más para “cultivar el alma, o el espíritu” o esa cosa tan abstracta a la que llamamos “Cultura” pero que servía bien poco para ganarse la vida y se alejaba del mundo material llamado a convertirse en la verdadera religión de la modernidad.

Si las llamadas Humanidades no querían quedar relegadas a ser convertidas en un mero pasatiempo de aristócratas y burgueses adinerados debían apresurarse y no perder el tren de las “Ciencias Exactas” e imitar en todo su vocabulario, su metodología y su imagen. Así es que se comenzó a hablar de “Ciencias Humanas” y de repente todos los saberes humanos eran científicos, como si acaso la poesía también debiera ser una ciencia para ser considerada importante. Como si acaso el ser humano fuera una máquina absolutamente racional y exacta cuya conducta se moviera bajo las mismas reglas de ceros y unos que usan los ordenadores.

Nada tienen que envidiar las letras a las ciencias, ni tampoco deben necesariamente imitar de forma a veces esquizofrénica su lenguaje ni sus modos, pues ciencias y letras responden necesariamente a partes o incluso hemisferios cerebrales del ser humano distintos, y la una sirve a la otra como se sirven ambas piernas para caminar. Gracias a las ciencias tenemos teléfonos móviles, pero escribimos mensajes en ellos usando palabras, enviamos poesías, o pequeñas frases filosóficas y leemos libros de amor, de intriga o de fantasía sobre pantallas digitales. ¿Para qué querría nadie una tableta digital o un móvil si no existieran las humanidades ni las artes? Sería un continente sin contenido, o lo que es lo mismo, un absurdo absoluto.

Pero la relación de poder y discriminación entre “Ciencias” y “Letras” persiste, alimentada además por legiones de docentes y de orientadores en los centros educativos debido todo ello a las paupérrimas salidas laborales que tienen esas “Ciencias Humanas” que carecen de sentido cuando lo único que parece dar sentido a la vida es lograr un puesto de trabajo con el que ganarse el pan en un mundo en el que por perder cada vez más peso las Humanidades parecemos cada vez menos humanos.

Las empresas privadas deben darse cuenta del valor que las Humanidades pueden aportarle en creatividad y en desarrollo de contenidos, que investigar no solo consiste en conseguir procesos de producción más rápidos y eficientes, sino en conseguir productos que satisfagan las necesidades de las personas. Personas capaces de tratar con personas y no solo con máquinas, de tener capacidad de síntesis y perspectiva histórica viendo qué se ha hecho bien y qué se ha hecho mal, de tejer una “historia” y un “relato coherente” de esa misma empresa que se traduzca en aprendizajes que la mejoren. Las humanidades pueden aportar profesores que enseñen a los trabajadores a mejorar su productividad, con planes de innovación, con procesos de evaluación, con adaptaciones, reagrupamientos y cambios espaciales y temporales, enfocando las habilidades y posibilidades de cada uno hacia un mejor desempeño profesional y productivo. Porque las empresas no pueden tener “filosofías” sin filósofos, ni “formación” sin formadores, porque no se puede vivir solo de números, y hay que alimentarse también de letras.

Por otro lado en el caso del sector público el apoyo a las humanidades debería ser una verdadera obligación legal y moral, pues es el Estado quien debe velar por la transmisión de la Historia, fomentar la literatura, y las artes, en definitiva, por el desarrollo de la Cultura que es la marca y la carta de presentación de un país, es el Estado quien debe crear y fomentar el desarrollo de puestos de trabajo dirigidos a especialistas de las llamadas Humanidades, pues no nos engañemos, no habrá “Dignificación” ni lavado de imagen de las Humanidades en la sociedad hasta que no haya empleos y salarios dignos para los incautos que deciden aventurarse por los tortuosos caminos de las letras.

Solo así las Humanidades podrían superar su tradicional complejo de inferioridad y dejar de tratar de imitar de forma un tanto ridícula procesos y terminologías que no hacen más que embrollar y dificultar la comprensión de aquello que es simple. Y comenzar a utilizar un lenguaje sencillo, auténtico, más propio de las Humanidades, un lenguaje literario, poético, metafórico que tenga más sentido, más coherencia, y sobre todo más contenido.

jueves, 1 de agosto de 2013

LOMCE, Nacionalismo y Docencia.




Bien es sabido que el de los docentes es uno de los colectivos profesionales entre los que más prolifera el nacionalismo. Cabría preguntarse por qué en aquellas autonomías que poseen una lengua propia diferente al castellano (Cataluña, País Vasco, Galicia, Comunidad Valenciana, Baleares, Navarra, e incluso Asturias), aparece entre los docentes una obsesión reivindicativa de la lengua y de la cultura local como un elemento que debe ser salvaguardado a toda costa, impulsado y reivindicado hasta la nausea en pos de la supervivencia de una identidad regional o (según algunos) nacional que se haya en grave peligro.

            Lo que se haya en grave peligro es su posición de privilegio a la hora de concurrir a los escasos puestos de trabajo o número de plazas que cada cierto tiempo convoca la administración autonómica. Promoviendo esta obsesión identitaria hasta convertirla en un requisito para el acceso a la profesión docente en la autonomía en cuestión, se elimina directamente la competencia de otros profesionales procedentes de otras comunidades que pudieran rivalizar con los autóctonos al tiempo que mantienen libre su acceso a las comunidades castellanoparlantes. Esto es la ley del embudo: “lo ancho para mí y lo estrecho para ti”. Nadie puede ir a competir a su casa pero ellos sí que pueden quitarte la plaza en la tuya en el nombre del mantenimiento de las sacrosantas lenguas en falso peligro de extinción y de unas identidades “nacionales” aún más importantes. Como siempre cuando retiras la manta solo ves una cosa: interés económico.

            El nacionalismo es a su vez un monstruo que se retroalimenta de sí mismo hasta fagocitarse por completo. Si el conocimiento de una lengua autonómica es un requisito indispensable para acceder a los puestos de trabajo que ofrece la administración pública de esa comunidad, se incrementará la demanda formativa de ese idioma, de manera que se requerirá un mayor número de profesores de catalán, euskera, gallego o asturiano según el caso, lo que se traduce en más puestos de trabajo, más empleo público para los habitantes de dichas regiones bendecidas con una lengua autóctona.

            Para que ese sistema se perpetúe es imprescindible que la sociedad tenga una conciencia clara de querer proteger, mantener y perpetuar la lengua y la cultura autóctona, en un imaginario y eterno peligro de extinción del que hay que salvaguardarla a toda costa mediante cuantiosas subvenciones y desembolsos que vengan a potenciar la lengua y la cultura propia y de paso a alimentar el estómago y los bolsillos de cientos de asociaciones, instituciones, y colectivos que se alimentan de este gran negocio de corte “ecologista” o “humanitario” consistente en salvar una lengua o cultura que en absoluto están en peligro y que se mantenía con absoluta normalidad y tolerancia con otras lenguas e identidades perfectamente compatibles hasta que la obsesión nacionalista tras la que se ocultan oscuros intereses económicos y laborales vino a cambiar el orden de las cosas.

            En las escuelas y los institutos se vende la imagen de una lengua y una cultura hermosa, única, idílica acosada y perseguida hasta el exterminio por España y lo español como si los ciudadanos de dichas regiones fueran ajenos a la cultura española en lugar de ser una parte integrante de la misma sin la que España no podría ser entendida. Pues no puede entenderse España sin el catalán, el gallego, el vasco o el andaluz, sin los distintos folclores y formas de vida que la componen e integran.

            En los alumnos, en los niños y los jóvenes se generan unos sentimientos de hostilidad hacia lo español, de extrañeza, de indiferencia o incluso de desprecio, se sienten como un cuerpo extraño dentro de un cuerpo más grande con el que no se identifican. Castilla, Andalucía, Extremadura, Cataluña, eran entendidas como el corazón, los pulmones, el estómago o el cerebro de un cuerpo llamado España que ahora se colapsa cuando el cáncer del nacionalismo la invade, cuando una parte de sí misma siente que ya no pertenece más a ese cuerpo, que quiere separarse, que quiere ser extirpada, sin darse cuenta que al hacerlo no solo matará a todo el organismo sino que se destruirá a sí misma.

            Un sentimiento que ha sido alimentado, que ha arraigado en la sociedad no solo por la existencia de partidos políticos o asociaciones culturales de ideologías extremistas, sino sobre todo y de manera más silenciosa desde las aulas, casi sin hacer ruido, de forma solapada y taimada hasta ir engendrando a un monstruo, hasta contaminar las mentes y el espíritu de una sociedad adulta y madura que ya no se siente española, ni conserva en perfecto equilibrio de sus tres identidades: regional, nacional, y europea, pues se ha formado en oposición a una de ellas, porque desde siempre le han dicho que lo español es malo, nocivo e invasivo, como si acaso el corazón pudiera dañar al estómago, o el hígado pudiera quitarle sustento al páncreas. 

            Una vez iniciado el proceso y constituidos los mecanismos se genera una maquinaria perfecta que se retroalimenta a sí misma. ¿Qué profesor valenciano se opondría a competir únicamente con los docentes de su comunidad al tiempo que él mismo sí puede competir en el reto del país? ¿Acaso no resulta extremadamente beneficioso eliminar de un plumazo a cientos de miles de rivales potenciales? ¿Quién dentro de esas comunidades querría poner en peligro semejante estatus de privilegio? Y más aún cuando se escudan en que ese estatus se debe a la necesidad de salvaguardar la lengua y la cultura autóctona.

            En buena medida la mayor parte del rechazo y de la clamorosa oposición que entre los docentes y sobre todo entre los partidos nacionalistas despierta tan denostada LOMCE no responde más que al temor de perder el “privilegio de la lengua propia” en unos sistemas educativos autonómicos blindados por razón de lengua y que de aplicarse un modelo educativo trilingüe en toda España en la que sean consideradas lenguas vehiculares: castellano-lengua cooficial-inglés se vería en grave peligro y permitiría el acceso de profesores venidos de otras regiones que no necesitan usar ni conocer la lengua autonómica.
Ese es el gran temor de los docentes de esas regiones y por supuesto de los nacionalistas (que suelen ser los mismos), ver cómo su estatus de privilegio, su blindaje se pone en peligro, y de ahí viene su oposición frontal y cerrada a la LOMCE, considerándola un ataque brutal contra las identidades “nacionales”, las lenguas y las culturas autonómicas. Por otro lado el PP ha sabido utilizar hábilmente la carta del inglés para que de esa forma no sea tan evidente que intenta reequilibrar el peso entre la lengua autonómica y el castellano, para tratar de evitarse la lluvia de críticas desde el nacionalismo, aunque como todos pueden ver no lo ha conseguido, y afirmaciones desafortunadas como las de Wert en una especie de arrebato de sinceridad en el que afirmaba que es necesario hispanizar a los alumnos catalanes no han ayudado mucho. Los alumnos catalanes no necesitan ser hispanizados, son españoles de nacimiento, lo que hay que detener es el adoctrinamiento nacionalista que padecen y que intenta eliminar una parte de su identidad: la española.

            La endogamia nunca ha sido buena y las ventajas de un modelo educativo en el que el alumnado sea educado con normalidad usando como vehiculares diversas lenguas es a todas luces positivo. Pero lamentablemente en algunos casos el profesorado está más preocupado por su bienestar económico-laboral que por el bien del alumnado, o bien es ya víctima del duro adoctrinamiento nacionalista al que han sido sometidas las aulas españolas en los últimos treinta años. Pues inmersión lingüística es igual a adoctrinamiento nacionalista. 

            Lo más irrisorio son esos que argumentan que los niños educados en la lengua autonómica obtienen los mismos o mejores resultados en castellano que aquellos que lo son educados en castellano. Utilizando esos mismos argumentos para aprender mejor inglés nuestros alumnos deberían de dejar de viajar a Inglaterra para perfeccionar su idioma, e ir por ejemplo a ¿Portugal? No existe en España una prueba unificada de los niveles de castellano, esto es un mismo examen para todos los alumnos de todas las autonomías y evaluado rigurosamente siguiendo unos mismos criterios y patrones, de manera que no es posible comparar niveles de castellano entre alumnos de unas autonomías y otras. Cabe además resaltar que hay numerosas voces que afirman que los exámenes de castellano en Cataluña son poco menos que irrisorios y que son evaluados con bastante laxitud. De todas formas ¿Quién se va a creer la milonga de que se aprende más y mejor castellano con solo dos horas a la semana que usando esa misma lengua como idioma de enseñanza en materias tan importantes como la Historia, las Ciencias naturales o la Geografía? La mera afirmación es un insulto a la inteligencia.

            No me cabe duda de que los catalanes, los vascos y los gallegos saben hablar castellano, pero hablar bien un idioma no consiste solamente en saber decir “¿Dónde está el baño?” o “Esa camiseta mola”. ¿Puede un alumno catalán realizar un comentario de texto histórico con la misma soltura en castellano y catalán cuando solo ha estudiado la terminología científica en esta última lengua? ¿Acaso pueden los alumnos catalanes aprender en solo dos horas a la semana todo el lenguaje científico y humanístico además de la carga lectiva de la propia materia de lengua castellana que en el resto de España requiere de un mínimo de tres horas? La respuesta es bastante clara: No. Pues a pesar de todo hay y habrá quienes afirman que estudiar menos horas de castellano y más de catalán no afecta al dominio del primero sino que incluso lo mejora. Cabría entonces el plantearse ampliar el estudio del catalán a toda España para así mejorar los resultados en castellano. El mundo al revés, todo sea con tal de eliminar a la competencia que nos viene de fuera. Si no existieran las lenguas autonómicas, habría que inventarlas…

            A la LOMCE se le podrán criticar muchas cosas: la intromisión de la religión en una sociedad que es laica en lugar de una materia como Historia y Cultura de las Religiones que permite dar al alumnado una visión global del hecho religioso y de su historia desde una perspectiva amplia y aséptica, la pérdida creciente de influencia de materias como el latín y el griego fundamentales para las Humanidades, el mantenimiento de un bachillerato de dos años en lugar de tres como sucede en la mayoría de países de Europa, la desaparición de la materia de Ciudadanía, el peligro de extinción de la ética y la filosofía, etc.

            Sin embargo, desde la izquierda ninguno de esos argumentos es importante más que la eliminación del modelo educativo basado en la “comprensividad” a todas luces obsoleto y fracasado en las sucesivas leyes que lo desarrollaron: la LOGSE y la LOE que no mejoraron la educación ni disminuyeron las tasas de fracaso y abandono escolar sino todo lo contrario, devaluaron los niveles requeridos para obtener un título a la mera “asistencia para aprobar” y mantuvieron los mismos niveles de fracaso que antaño.

            El problema es que la izquierda parte de una premisa errónea, vincula el fracaso escolar y el abandono a la renta de las familias y trata de paliar desde la escuela ese desajuste para conseguir una mayor igualdad social. La idea y la intención es buena, pero la premisa es sencillamente FALSA. El fracaso escolar no está relacionado con el nivel económico o de renta de una familia, sino con el nivel cultural y educativo de la misma. Hay familias muy humildes y sin recursos cuyos hijos obtienen notas excelentes y son estudiantes magníficos, y hay familias acomodadas cuyos vástagos se niegan sistemáticamente a estudiar y no poseen la más mínima cultura del esfuerzo.

            Se han escrito ríos y ríos de tinta sobre esto y no merece la pena incidir aquí más en ello, pues se desvía del tema principal de este ensayo: la relación íntima entre el nacionalismo, los intereses económicos y laborales del profesorado y el uso político y partidista de las lenguas.

Las naciones y los Estados no son entidades reales, son conceptos, ideas del imaginario colectivo compartidas y sentidas por una sociedad que se transmiten de generación en generación a través de la familia y sobre todo en las instituciones educativas. Las naciones y los países se construyen en las escuelas, pues allí es donde les enseñan los himnos, las banderas, los símbolos, los valores, la historia y las fronteras. Las naciones pueden ser inventadas, creadas o destruidas con la misma facilidad con la que se hace una película, pues no son más que eso: “narraciones colectivas”, “interpretaciones de los hechos históricos en uno u otro sentido”. No me cabe duda de que los catalanes conseguirán su independencia si continúan construyéndola, porque la realidad no es ajena a nosotros, la realidad es nuestra obra, el producto de nuestros pensamientos y de nuestras acciones que cuando son colectivos tienen una fuerza transformadora arrolladora para bien como es el caso de la construcción europea o para mal como el de la Alemania nazi.

miércoles, 27 de febrero de 2013

El MIR Educativo que todos queremos.



Saludos mortales, desde los calores del verano a los fríos del invierno se hizo el silencio, y ya era hora de que los habitantes de Asgard diéramos una tímida señal de vida ¿no? O quizá será que asomarnos al panorama desolador de la Educación española no nos anima en exceso a pronunciarnos, y más si tenemos en cuenta el comportamiento de algunos mortales.

En estos meses han pasado muchas cosas, demasiadas cosas… y no sería oportuno detenernos a analizar cada uno de los acontecimientos acaecidos; no obstante, como mero mensajero, me gustaría detenerme en algunos puntos fundamentales.

-Tal como avisamos en Andalucía, más de 4.500 profesores se quedaron en la calle, y por desgracia ni las asambleas, ni las plataformas, ni las movilizaciones de todo tipo han logrado enmendar de momento la situación. Como dijimos, los docentes iniciaron la batalla cuando la administración tenía la guerra prácticamente ganada. Pero ¡Ánimo! Y ¡Enhorabuena! Porque habéis seguido el consejo de Odín, de la necesidad se hace virtud, y se ha logrado que todos los interinos se unan en una sola plataforma: “Interinos Andaluces” He aquí su página: Interinos Andaluces y he aquí su foro: Foro de IA Un lugar en el que coordinar esfuerzos, en pos de un futuro mejor. Al final habéis escuchado el consejo de los dioses, y no os habéis dejado embaucar por unos sindicatos u otros, que solo os querían usar como ovejas para sus respectivas reivindicaciones. Habéis levantado la cabeza y ahora conformáis un grupo unido y cohesionado. Nuestros mejores deseos, que la fuerza del martillo os guíe por el buen camino.

-La LOMCE avanza imparable. Si nuestras informaciones no fallan, este año se concluirá su tramitación, y se aplicará en el curso 2014/15. Un curso en el que habrá tanto elecciones generales como autonómicas. De tal manera que el futuro de esa ley y su aplicación dependerá por completo del resultado electoral que logre el PP en dichas elecciones, pues el resto de grupos se han mostrado completamente contrarios a la misma. No entraremos aquí a valorar los aspectos positivos o negativos de esta ley, que de todo tiene, porque eso nos daría para escribir un libro.

-Sí valoramos lo absurdo de haberse organizara una huelga de profesores por un lado y una serie de huelgas de alumnos por otro. ¿No hubiera sido mucho más lógico organizar una única gran huelga que uniera a profesores, alumnos y familias bajo unas mismas reivindicaciones? No, los humanos sois así de gregarios. La Unión hace la Fuerza. Y todas las reivindicaciones pueden caber bajo una misma pancarta.

-Al final sucedió lo que todo el mundo esperaba, que la Junta de Andalucía aceptara su anhelada derrota (todo fue una vulgar pantomima para sacar réditos electorales de una supuesta defensa de la Educación) y anulara las oposiciones de 2012, las más surrealistas de la Historia. En este tiempo ha sacado partido al dinero de las tasas, y próximamente (nadie sabe aún cuándo) devolverá el dinero a los sufridos opositores. Este año les ha tocado sufrir a los maestros los juegos y diversiones de la Junta. Profesores de Andalucía, todo parece indicar que el año que viene NO habrá Oposiciones, así que no os dejéis engañar. ¿Por qué?

1. El año que viene se tramitará el nuevo Sistema de Acceso en el Estatuto Docente. ¡No le perdáis la vista!

2. Las tasas del 10% de reposición que continuarán en vigor permitirían un número de plazas irrisorio, por lo que resultaría más sensato guardar las plazas para una convocatoria futura con un sistema claramente definido y unos temarios actualizados que curiosamente coincidirían con 2015, un año electoral en el que conviene ponerse moños ante la ingenua ciudadanía.

Todo parece indicar que se cumplirán estas predicciones, pero creedme mortales si os digo que ni el mismísimo Odín es capaz de predecir las acciones de una administración educativa tan anómala como la que padecéis.

-Si este es el curso de la tramitación de la LOMCE, el próximo curso será el de la tramitación del Estatuto Docente en el que entre otras muchísimas cosas se regulará el Sistema de Acceso. Y una vez más os prevengo, ¡A todos los que luchasteis en Andalucía contra el Decreto 302! ¡A todos los docentes que habéis perdido vuestro trabajo y que estáis luchando en la calle! ¡¡Estad atentos y luchad desde ahora mismo por un Nuevo Sistema de Acceso que sea más justo para todos!! Pues está en juego el futuro de la Educación Pública y de vuestro propio trabajo.

-Ya lo advertimos en la última entrada, y algunos de vosotros que habéis ido más allá de ver los árboles (los despidos de profesores) y habéis visto el bosque (El Sistema de Acceso que se avecina) os habéis movido y creado un grupo entregado que en los meses de verano y de forma colaborativa ideó un nuevo Sistema de Acceso justo para todos, para maestros y profesores, para interinos y neo-opositores, un Sistema ajeno a los bombos de la lotería, que premia la constancia, que asegura que solo lleguen a la plaza los mejores, que da garantías de calidad, que no supone coste económico alguno para la administración, que no tiene colores políticos y que ha sido completamente ideado por docentes de toda España. Un documento abierto que no entra en los detalles y se limita a establecer unas bases mínimas aceptables por todos, y que algunos han venido a bautizar con bastante ingenio como: “El MIR EDUCATIVO QUE TODOS QUEREMOS”.

-Inspirado en el MIR de medicina abanderado por algunos partidos políticos y sindicatos, así como en el sistema empleado por los profesores para la realización del Concurso de Traslados, que ha demostrado con creces su eficiencia, sin eliminar las duras oposiciones como criba necesaria que garantice la aptitud docente, hemos de admitir que en Asgard nos hemos quedado maravillados con el documento y no tenemos reparos en defenderlo abiertamente, pues al fin parece que hemos encontrado la piedra filosofal que podría poner punto y final a muchos de los problemas de los que adolece nuestro Sistema Educativo. Pero mejor que juzguéis vosotros mismos. No os quepa duda, ¡LUCHAD POR CONSEGUIRLO! Difundidlo, incluidlo en vuestras reivindicaciones, hacedlo llegar a las mesas de negociación, a los medios, a los grupos de presión, a los partidos, a los sindicatos, a todas partes y creedme si os digo que la fuerza del Martillo de Thor estará de vuestro lado.

Os dejo un enlace para los guerreros que quieran luchar por esta causa, pues el Walhalla solo les pertenece a ellos. 



EL MIR EDUCATIVO QUE TODOS QUEREMOS

-Análisis del Sistema de Acceso a la función pública docente actual:

El sistema de acceso actual, por el que han pasado un alto porcentaje de los funcionarios de carrera que ejercen actualmente la docencia, es mejorable. Cuenta con numerosas anomalías que dificultan el acceso a la función pública a profesionales perfectamente cualificados para la misma, y que cuentan además con una gran experiencia a sus espaldas, de manera que numerosos profesionales docentes que han demostrado su valía como profesores al haber superado un proceso selectivo sin obtención de plaza, y que en muchos casos llevan ejerciendo la docencia durante muchos años, tienen que someterse reiteradamente a unos procesos selectivos que ya superaron para poder continuar ejerciendo una profesión a la que llevan dedicándose numerosos años, y para la que han demostrado con creces estar capacitados.

Para ser más claros en este aspecto valga un ejemplo ilustrativo: es como si cada dos años se obligara a los conductores que no tienen un coche en propiedad a tener que volverse a examinar del carné de conducir aun habiendo circulado durante años sin mayor problema con coches de alquiler.

En definitiva, el sistema de acceso actual supone una carrera de obstáculos en el que no llegan a la meta los que están mejor formados, ni los que cuentan con mayor experiencia profesional, ni acceden aquellas personas con el perfil profesional que la Educación pública más demanda (como es el caso de los profesores bilingües). Padecemos un sistema de acceso ineficaz y anquilosado con numerosas anomalías que producen terribles consecuencias para nuestro Sistema Educativo.


La futura Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) traerá consigo un anteproyecto de ley que regulará el Estatuto del Profesorado Docente No Universitario que entre otros aspectos regulará:

-El acceso a la función pública docente.
-Regulación de la carrera docente.
-Regulación de la provisión de puestos de trabajo.
-Derechos y deberes de los docentes.
-Autoridad del profesor, etc.

Entendemos que el futuro Estatuto del Profesorado Docente No Universitario que regulará el sistema de acceso a la función pública docente es una gran oportunidad que no podemos desaprovechar para mejorar la Educación Pública sin generar ningún tipo de gasto económico, en la que pueden confluir posturas y opciones ideológicas diversas para llegar a acuerdos que beneficien a toda la Educación y la sociedad en general, creando un Sistema Educativo más sólido, estable y competitivo, que asegure una salida profesional digna y coherente a aquellos profesionales que quieran dedicarse a la docencia y genere una mejora sustancial en nuestra Educación Pública, uno de los pilares fundamentales del Sistema del Bienestar y garantía de progreso y desarrollo para el futuro de nuestro país y nuestra sociedad.

Nos gustaría dejar claro que los aspirantes a la función pública docente que han superado todas las fases de un proceso selectivo han demostrado estar capacitados para la docencia en la Educación Pública y no necesitan superar nuevamente otras oposiciones para poder ejercer la misma. De hecho, buena parte de los aspirantes que superan las oposiciones con excelentes notas y que a pesar de ello se quedan sin plaza, realizan una función imprescindible para el mantenimiento del Sistema Educativo al entrar a formar parte de diversas bolsas de trabajo cubriendo vacantes y sustituciones. Con el sistema actual vigente, se obliga a todos los aspirantes a la docencia a concurrir a un proceso selectivo aunque lo hayan superado con anterioridad, e incluso hayan ejercido la docencia durante años, con el considerable esfuerzo, desgaste y pérdida de tiempo que ello supone, desperdiciando una energía que podrían invertir en la mejora de la Educación y no en volver a demostrar lo que ya han demostrado antes con creces.

-Por tanto proponemos que:

a) -Los aspirantes a convertirse en docentes funcionarios de carrera deben superar todas las fases de un proceso selectivo en el que demuestren estar convenientemente capacitados para ejercer la docencia.

De esta forma el Sistema Educativo se asegura que solo las personas que están realmente preparadas para ejercer la docencia tienen acceso a trabajar dentro de la Educación Pública. Los procesos selectivos que permitan la entrada al ejercicio de la docencia dentro del Sistema Educativo deberían realizarse regularmente celebrándose al menos cada dos años para asegurar la calidad y la estabilidad del sistema.

b) - Una vez aprobadas las oposiciones, deben pasar a formar parte de una lista o bolsa de acceso a la función pública de la que se irán extrayendo a los docentes para ser nombrados funcionarios de carrera en función de las necesidades del Sistema Educativo.

Esta medida no supone coste económico alguno, y en cambio establece una vía de acceso a la docencia clara, coherente y racional que otorga seguridad, solidez y estabilidad al Sistema Educativo. Todos los que han aprobado un proceso selectivo han demostrado ser aptos como docentes por lo que no es necesario que vuelvan a demostrar su capacidad, la lista o bolsa de la función pública es un instrumento flexible en el que se puede ascender o descender puestos en función de la formación continua y la experiencia acumulada y de donde salen tanto los futuros funcionarios de carrera como los sustitutos necesarios para cubrir vacantes.

c) -Los aspirantes a convertirse en docentes funcionarios de carrera que hayan superado un proceso selectivo estarán exentos de tener que volver a presentarse de nuevo a unas oposiciones para permanecer en la lista de acceso a la función pública docente, pero podrán presentarse cuantas veces estimen oportunas a distintos procesos selectivos para mejorar su nota y por tanto su posición dentro de la lista de acceso a la función pública docente.

En este punto no hacemos otra cosa que aplicar la lógica, la coherencia y el sentido común, pues no tiene sentido obligar a volver a pasar por unas oposiciones a una persona que ya ha demostrado su capacidad para la docencia, salvo que dicha persona desee mejorar su posición en la lista de acceso a la función pública con lo que se genera una competencia sana que se traduce en una mejor formación y preparación del profesorado. Las oposiciones ya no son un lastre que necesariamente hay que superar, si lo desean se pueden transformar en una oportunidad, un elemento motivador que puede ayudar al aspirante a lograr una plaza fija o a escalar peldaños con la seguridad y la garantía de que al final serán colocados en la lista general en función de la nota más alta que hayan logrado en los distintos procesos selectivos a los que se haya presentado. 

d) -La lista general de acceso a la función pública docente actuará así mismo como bolsa de trabajo para cubrir las vacantes y sustituciones que requiera el Sistema Educativo y se ordenará a los candidatos a funcionarios de carrera en función de los siguientes criterios en el que tendrán prioridad por este orden los siguientes elementos:

1 Los tiempos de servicio acumulados.
2 La nota más alta obtenida en un proceso selectivo.
3 Otras titulaciones universitarias, másteres, títulos de la Escuela Oficial de Idiomas, participación en programas educativos, etc.

Esta medida acaba con la problemática y la inseguridad de los profesores interinos, se traduce en estabilidad laboral de las plantillas docentes y con ello la mejora de la calidad de la enseñanza. Asegura que todos los futuros funcionarios de carrera hayan acumulado una experiencia laboral previa considerable antes de ser nombrados funcionarios de carrera, un elemento imprescindible para una buena práctica docente. Genera una competencia sana entre el profesorado ajena al azar propio de todo proceso selectivo. Los aspirantes a funcionarios de carrera ahora tienen un objetivo y unos incentivos claros para mejorar su formación mediante el estudio de idiomas, la realización de másteres, la participación en programas educativos o la consecución de otras titulaciones universitarias, una mejora profesional que redundará en la mejora de la calidad de la Educación Pública.

Por último, no cabría más que señalar que el presente sistema acaba con los agravios comparativos entre aspirantes interinos que tienen un mayor número de puntos acumulados y aspirantes recién licenciados que parten de cero, al establecer una vía de acceso clara y diáfana que se muestra como un camino estimulante de superación en el que el esfuerzo, la constancia, la disciplina y el trabajo duro diario y no el azar o la fortuna de un día de oposiciones aseguran la consecución de la plaza. Con la plena seguridad de que todo aquel que llegue a conseguir convertirse en funcionario de carrera será un profesional excelente que no solo se habrá limitado a superar un proceso selectivo que le capacita para ejercer la docencia en la Educación Pública, sino que habrá tenido que acumular muchas horas de experiencia y haber adquirido muchos conocimientos en largas horas de formación y estudio para alcanzar las mejores posiciones que finalmente le hayan permitido el nombramiento como docente funcionario de carrera. Todo ello dentro de un sistema que asegura a todos aquellos que han superado el proceso selectivo inicial un marco de seguridad, estabilidad y coherencia laboral que les permitirá dedicarse por completo a su trabajo y a la mejora de sus capacidades profesionales y de la Educación Pública.